La crisis sanitaria generada por la pandemia del Covid-19 reafirma las carencias del sistema económico actual y algunas de sus limitaciones.

El capitalismo tradicional tiene varias grietas sistémicas que lo debilitan y que no podrán ser superadas sin una transformación estructural.

El capitalismo genera valor, fomenta la cooperación social y progreso, pero el uso que se le ha dado a este poder por parte de muchos de los actores del sistema económico actual, ha llevado a grandes dificultades económicas, sociales y planetarias basadas en la falta de ética.

El panorama actual representa una nueva oportunidad (tras las crisis financieras sufridas en los últimos años) para que los Estados, las empresas y la sociedad civil se sensibilicen sobre la inminente necesidad de avanzar hacia modelos más sostenibles que marquen la evolución del capitalismo tradicional a futuro. Un sistema de Capitalismo Consciente que pueda aunar el poder de los mercados y estimular la creatividad del tejido empresarial para lograr una civilización más justa y sostenible a largo plazo.

Esta transformación ya está teniendo lugar a día de hoy, principalmente influenciada por el lado de la demanda, donde las preferencias del consumidor se alinean cada vez más con la sostenibilidad y el impacto social y ambiental. Dicha presión crea en las industrias la necesidad de adoptar un enfoque más centrado en la demanda, tanto a nivel de misión y modelo productivo, como a nivel de cultura empresarial.

El movimiento de transformación es a su vez acelerado por una creciente presión por el lado de las propias compañías, cuyos gestores creen que el impacto social y medioambiental están correlacionados con el crecimiento económico y lo estarán más en el futuro cercano.

Cada día son más los empresarios y emprendedores que quieren actuar como líderes no solo económicos, sino también de valores morales y sociales.

Dichas empresas entienden la necesidad de apoyar e integrar los intereses de sus stakeholders y de generar no solo riqueza financiera, sino también intelectual, social, cultural, emocional, física y medioambiental.

En el marco del sector de los servicios financieros, el auge de fondos de impacto social y medioambiental es el reflejo de este creciente movimiento de Capitalismo Consciente. Las inversiones de impacto se distinguen de las inversiones convencionales en dos formas principales:

  • Intencionalidad: Un deseo expreso de generar un impacto social o medioambiental, junto con una rentabilidad económica;
  • Medición de dicho impacto, asegurando así la transparencia, y fomentando la comparabilidad.

Por el lado de los inversores en dichos fondos, según la décima edición del Impact Investor Survey 2020,  las principales motivaciones de los inversores para aportar capital a los fondos de impacto son principalmente dos:

  • Dichos fondos forman parte de su compromiso como inversores responsables y constituyen una forma de alcanzar sus objetivos de impacto.
  • Estos fondos responden a la demanda de sus clientes.

Beka Finance ha mostrado un compromiso significativo en materias de impacto social, y ha sido pionera en su apoyo al sector del emprendimiento social así como de la inversión de impacto social y medioambiental. Beka cree firmemente que las empresas sostenibles y que generan impacto social obtienen mejores rendimientos económicos a largo plazo, permitiendo una situación win-win  en ambas esferas.

Los mecanismos de crecimiento económico del planeta se están transformando a nivel mundial, y esta tendencia favorecerá cada vez más a las empresas sociales, los inversores de impacto social y demás actores de apoyo que trabajen en la línea creciente del capitalismo consciente.